COMENTARIO
LITERARIO
EL LIBRO DE
MIS PRIMOS
CRISTINA PERI-ROSSI
GRIJALBO-
1989
POR: INGRID ODGERS TOLOZA
Esta
novela de Cristina Peri-Rossi descubre la vida de una familia aristocrática
desde la mirada de un niño.
El
trabajo literario incluye narrativa, prosa poética y poemas. Es muy
descriptivo, hay mucho interés en describir al detalle.
Nos
relata la vida de esta familia, sus abuelos, tíos, hijos, primos y el paso del
tiempo en su mansión enorme, sofisticada, absolutamente patriarcal,
autoritaria. Se desplazan lentamente enfermedades, locuras, sueños, y mucha
fantasía que se intercala con la realidad por ejemplo las fiestas con fantasía
y locura, las enfermedades con ironía y burlas.
No
solo conocemos el carácter y la personalidad de los demás personajes, conocemos
los temores, las dudas, la angustia y las pretensiones del pequeño narrador.
A
su vez, relata las relaciones entre primos, a veces amorosas, a veces fraternales,
a veces caóticas.
Es
una novela bastante compleja dadas las características que la autora otorga a
los personajes y las extrañas y grotescas situaciones que contiene el diario
vivir de estos.
Al
leerla con atención, detectar digresiones, interrupciones o complicaciones y
advertir ciertos temas como machismo, abuso, incesto, nos preguntamos hacia dónde
verdaderamente apunta Peri-Rossi. Y nos encontramos casi al final con el
contenido socio político que alberga en sus páginas. Explicable dado la
situación de Uruguay en esos años.
Estamos
ante la presencia de un mundo de fantasía en el que se conjugan inocencia, inmoralidad,
crueldad, no únicamente de los niños sino de los adultos.
Lo sorprendente es la inclusión de dos finales.
FRAGMENTO 1
—¿Por qué nunca he oído hablar al abuelo? —le pregunté
un día a mi madre.
Ella me dijo que él ya había hablado bastante; que, en
realidad, había hablado demasiado, y éste era su castigo. Ella podía recordarlo
perfectamente dando órdenes, empujando a la gente, sometiéndolos a gritos, lo
había visto obligando a los niños a comer del suelo la comida de los perros, lo
había visto castigar a los peones, maltratar a los caballos, encerrar a sus
hijas, lo había visto disparar contra los pájaros y destrozar los capullos^
perseguir a las sirvientas detrás de las puertas y quemar la tierra de sus
vecinos. Una vez la había hecho remar durante todo el día, para castigarla por
el olvido de unos clavos, y tuvo que remar varias horas seguidas («Por favor,
padre, déjeme salir del agua», suplicaba ella), y solamente cuando se hizo la
noche y ya hacía varias horas de oscuridad (ya había una luna de azogue
dejándose caer por el tejado), ella, medio desmayada pudo abandonar el bote, el
remo, tenía los brazos duros, los músculos hinchados, no parecía una mujer, y
las manos palpitaban como un corazón al descubierto. Cuando hubo llegado a la
cama (tenía los brazos duros como dos mástiles), él se le acercó, y
con acento dulce le dijo: «Era para que la próxima vez
no olvides los clavos», pero ella,
deliberadamente, a los pocos días, los dejó olvidados;
entonces tuvo que volver a remar, y él, a la noche, estando la luna crecida
como un rostro hinchado, la luna como un ombligo, volvió a
decirle la misma frase, pero ella ya se había
acostumbrado a remar, de modo que no le importó, entonces él, cuando venían las
visitas, decía, ufano: «Vean a mi hija, la mejor remadora de la zona», y no
quería que los varones de la familia remasen; a ella, cada día, los músculos se
le ponían como los de un hombre; estaba cansada de remar y se agotaba, pero el
viejo la lucía, había prohibido a los demás usar el bote, y cuando venían a
visitarlo las familias, la hacía remar, «Quiero que te luzcas», le decía,
aunque hiciera horas que estaba remando; y si ella se resistía o lo hacía
lentamente, a la noche él la esperaba junto al embarcadero (los pastos verdes y
la luna crecida) y con un junco le daba en las piernas, en los brazos como
mástiles, en la cintura, en los hombros.
Fragmento 2
“… Falsificando permanentemente lo verdadero, y dado
apariencias de real a lo artificial, mi tío Andrés se ha pasado la vida
confundiendo a todo el mundo, al punto que ya nadie –a veces creo que ni él
mismo- es capaz de saber, entre las cosas que lo rodean, cuáles son las reales,
cuáles las falsificadas. Piedras, metales, faunas, floras, estatuas, telas,
colores, texturas, apariencias, cuadros, licores, monedas, confesiones, frases
oídas, frases escondidas, todo lo funde en su gran redoma singular, en su
taller modelador, y entre el vapor y el humo de su laboratorio, en los húmedos
cristales que lo separan del exterior, la realidad y el sueño hacen el amor,
juegan a mezclarse, dan hijos macabros de índole mixta, paren fascinantes
apariencias de lo vivo de entraña seca, cancerosa; en su taller singular,
engañoso (los cristales esmerilados impiden ver al mago), la materia vuelve al
antiguo caos original, al gigantesco óvulo fecundado y de donde partieran,
azules, las múltiples apariencias de lo vivo. (…)”.