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sábado, 15 de diciembre de 2007

Las olas



LAS OLAS UNA NOVELA DE VIRGINIA WOOLF


Se ha dicho en diversos medios que Virginia Woolf intentó con "The Waves" escribir una biografía en clave de ficción a sus seres queridos más próximos. Así, su hermana Vanessa es Susan; su esposo Leonard y su amigo el poeta T. S. Eliot comparten el personaje de Louis. El celebérrimo Lytton Strachey (tan bien retratado en la película "Carrington")se reflejaría en Neville, y también Duncant Grant. Kitty Maxse -en la que se inspiró también para Clarissa Dalloway-es Jinny. Para el personaje de Bernard tomó ciertos rasgos vitales de su amigo Desmond MacCarthy. Rhoda, evidentemente, es la propia Virginia Woolf. Todos giran en torno a la figura de Percival así como todo el círculo de Bloomsbury giraba en torno a Thoby, el hermano de Virginia muerto de fiebre tifoidea en 1906.

Respecto a las fuentes inspiradoras de Virginia Woolf se puede especular ad infinitud y podemos tejer múltiples historias arrojándonos a carreteras de fantasías y arriesgándonos a incoherencias o dispersiones, pero, donde no habremos de caer es en el callejón de la ignorancia o en el pozo ciego para negarnos a reconocer el talento de quien realizara esta formidable, magnífica obra como es “Las olas”. Es un relato fluctuante como “las olas del mar” y nos habla de Bernard, Susan, Rhoda, Jinny, Neville, Louise, cinco personas que representan las diversas visiones, apreciaciones de la realidad de su época.

Distinguimos como se entrecruzan en la misma ruta, el bohemio e idealista Bernard con la fémina y maternal Susan, la rebelde e instigadora Rhoda con la superficial Jinny, el ambiguo Neville con el avezado y responsable Louis.

En tiempos tan decisivos en la vida como los años escolares, se conocen y estrechan lazos, como amigos viven instantes felices pero igualmente comparten las grandes aflicciones, las congojas y temores que impone el tránsito a la edad madura. Este camino, unos lo experimentan con fortaleza otros con estoicismo, extremo conformismo. Y están quienes no aceptarán jamás los duros vaivenes de la existencia. Un evento doloroso propicia un encuentro después de transcurridos los años. Es en ese momento en que efectúan un recuento de lo que ha sido sus vidas. El balance no es bueno para todos, tal como acontece en la vida real.

Es un libro sorprendente. La forma de narrar es extraordinariamente original. La autora utiliza “el fluir de la conciencia”, cada uno de los personajes hace el balance de los años vividos. Esta narración de Wolf no contiene diálogos, pensamientos y reflexiones de cada protagonista se intercalan, uno tras otro; con un estilo tan rítmico que, al igual que el argumento, transmite a veces una sensación de calma, otras de tempestad, como una marea. La vida. Un conjunto de experiencias positivas y negativas se desplaza ante nuestros ávidos y desconcertados ojos. El desconcierto lo justifica el hecho de que como lectores es la primera vez que nos enfrentamos a tan peculiar estilo de escritura.

La autora inglesa es reconocida por su pluma innovadora. Woolf, es aquí creadora genial no sólo en cuanto a la temática, sino en su estilo narrativo. Definitivamente, sólo una lectura reflexiva y calma nos permite comprenderla.

"vierta en esta estancia esa cosquilleante luz, esta intensidad del ser, de manera que las cosas pierdan su habitual utilidad."

"Es aburrido caminar por la carretera, sin ventanas por las que mirar, sin legañosos ojos de azules cristales por donde ver la calle"………

Es una novela osada, característica muy propia de Virginia Woolf, y tremendamente reflexiva, apunta certeramente al espíritu humano. Virginia Wolf rompe los esquemas románticos de los trabajos literarios de su época (la novela fue publicada en 1931), donde el romanticismo era la temática usual en la expresión literaria. La estética de la autora es extraordinaria, profundiza en la esencia del ser humano, en el ser invisible y las sucesivas transformaciones que experimenta con el paso del tiempo. Devela el mundo interior de sus personajes, sentimientos, emociones, narrando los pensamientos con una destreza que deslumbra y logra estremecer. Su escritura no deja de embargarnos con una angustia indescriptible, que inquieta y vulnera. Impresiona su ojo escudriñador con la descripción acuciosa del paisaje, el despliegue de su espléndida imaginación, la abundancia de metáforas, el ritmo envolvente y la forma de trabajar el texto creando una atmósfera que sobrecoge. Woolf estructura los personajes, desde el mundo interior, desde sus impresiones más íntimas, desde el alma. A través de sus páginas muestra la fragilidad y la eterna soledad a la que estamos destinados a transitar como seres humanos y los fuertes (a veces indisolubles) problemas de comunicación que existen en nuestras relaciones personales, de pareja, amistosas, etc. Esta complejidad de las relaciones humanas y las sucesivas transformaciones que tenemos, no sólo las externas sino las internas y todo eso que engloba una frase pedante como “las invisibles llagas del crecer”, que grafica el camino que debemos deambular en la vida ( a veces perverso), quedan perfectamente plasmados en esta complicada narrativa que al principio se hace intolerable, insufrible (requiere relecturas) por lo densa, espesa y reconcentrada, pero que definitivamente es imprescindible conocer y leer y releer. Las olas, los golpes del tiempo. El mar, la vida, lo cotidiano. Nuestro destino: crecer con incertidumbre y en soledad. Las Olas, de la infancia a la sabiduría. Las Olas, pérdida de la inocencia. Las Olas de Virginia Wolf: Una verdadera marea.

” El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insubstancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. “

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