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viernes, 25 de enero de 2008

SOBRE ORLANDO DE VIRGINIA WOOLF



EL TIEMPO DEL RELOJ NO ES EL TIEMPO DEL ALMA

¿Qué es el amor, qué la amistad, qué la verdad?

“el amor le había hecho padecer las torturas de los réprobos”.

“………………….en la brecha así abierta saltaron la ambición, esa energúmena, y la poesía, esa hechicera, y la codicia de la gloria, esa prostituta, y se tomaron de la mano y pisotearon con su baile el corazón de Orlando”

La escritora británica Virginia Wolf nos transporta con su magia acostumbrada al mundo de Orlando. Joven de dieciséis años, de fértil e inquieta imaginación, sensibilidad. Lo vemos en sus andanzas durante casi cuatrocientos años. La novela se inicia en la mitad del siglo XVI, época isabelina. A esa edad escribía “Adalberto: una tragedia en cinco actos” con una pluma de ganso entintada. Orlando era un escritor copioso pero abstracto. El Vicio, el Crimen, la Miseria eran los personajes de su drama; había reyes y reinas de territorios imposibles conjugados con horrendas conspiraciones, inundados de los más nobles sentimientos. Fluidez y dulzura emanaban de sus textos. Es el momento en que la autora hace gala de su ojo observador: la naturaleza, los pájaros, los arbustos, el color. La naturaleza y las letras parecen tenerse una natural antipatía, basta juntarlas para que se hagan pedazos, dice Wolf.

Del atractivo y joven Orlando se enamoró la Reina Isabel, quien le ideó una carrera espléndida y ambiciosa. Le dieron tierras, le asignaron casas. Pero todo ello no impidió que el joven fuera infiel y se extraviara en más de alguna taberna entre cervezas y mujeres de dudosa índole que fácil le entregaban sus febriles encantos. Cansado de las costumbres bárbaras de la gente y de las escabrosas calles de la vecindad regresó a la Corte del Rey Jaime. Estando comprometido, se enamoró de una princesa moscovita llamada Marusha que le rompe el corazón. Y eso es sólo el principio. Narrativa descriptiva, de una enorme creatividad que se ensancha en las 200 páginas restantes de un libro que atraviesa cuatro épocas con un Orlando de inmóviles 36 años que en algún momento despierta, luego de dormir 7 días y 7 noches, con el innoble deseo (para su época) de ser un gran poeta. La narradora manifiesta el deseo de trasmitir lo que hasta ese momento le había sido revelado por la práctica de la escritura utilizando los personajes de esta singular historia que retrata a los escritores de su época y todas las épocas, salvo excepciones.

“ …de suerte que donde la Mente es mayor, el Corazón, los Sentidos, la Grandeza de Alma, la Caridad, la Tolerancia, la Buena Voluntad, y el resto casi no puede respirar. De ahí la tan baja opinión que tienen de otros; de ahí las enemistades, injurias, envidias y epigramas que los atarean continuamente; de ahí la rapidez con que los reparten, de ahí su rapacidad para exigir simpatía; todo eso lo diremos en voz baja, para que los intelectuales no se enteren…”

Con fina ironía la autora se refiere a los poetas, revela la vanidad, la crítica, la envidia existente en el ámbito literario. La mitad eran borrachos y todos embusteros calaveras le confiesa el poeta del pueblo a un asombrado y noble Orlando. Woolf aborda un tema bastante actual, donde difícilmente se puede discutir la obra con otros escritores. El protagonista luego de su infausto encuentro con este poeta de pueblo determinó: “he acabado ya con los hombres”. Hombres y mujeres habían enrollado y apretado su corazón y su cerebro. ¿Cuántas veces nos hemos sentido de tal manera?

La ferocidad de la crítica, lo sardónico y traicionero de los poetas…… ¿qué es la verdad? se interroga Orlando, y ¿para qué vivimos? ¿Qué es el amor? ¿Qué la poesía? En la búsqueda retorna a su casa, la ordena y visita al Rey, lo nombran Duque, en ese instante vuelve a dormirse. En medio del caos que provoca su sueño de siete días y siete noches, todos los que viven en la fantasía de la extaordinaria pluma de Virginia Woolf se preguntan ¿cuál es la verdad?.

La verdad es que intempestivamente ante los ojos del lector Orlando es una mujer. El cambio de sexo modificaba su porvenir no su identidad. Tenemos entonces a un Orlando, hombre o mujer, qué importa nos dice Woolf, con el mismo inquietante anhelo de ser poeta, obsesionado por la noble tarea que éste tiene en la sociedad, analiza el uso de las palabras y objeta los participios presentes como un mal de cuidado.

La escritura de la autora trasciende la razón y nos lleva a la preocupación constante por la condición del ser. Diría yo que más que una escritora feminista, Wolf fue una persona que descubrió que el espíritu no tiene sexo. Todos sabemos que actuamos condicionados por cánones sociales. Pese a ser evidente la dualidad sexual de Orlando, tampoco se puede calificar a esta literatura de lésbica(sería un gran error), pues trasciende no solo la razón sino la sexualidad. Todos somos iguales ante el ojo de Dios. El amor alcanza su máxima expresión en la comprensión de que ambos , hombre y mujer son (pese a todo lo que se diga y crea en las sociedades) iguales, es decir idénticos tanto en sus derechos socio-culturales (en todas las épocas), como en la dimensión espiritual (que no tiene tiempo, pues lo traspasa) algo que ella logró captar con su aguda percepción y conexión con el gran espíritu universal de la belleza y el amor. Virginia Woolf supo de la sabiduría divina y quiso traspasárnosla junto a su potencial literario. En este libro nos entrega el gran misterio y se dona a los lectores como sabe hacerlo una grande de la literatura universal. “Orlando”, toda una historia para hablarnos en forma genial de el amor, la literatura, el tiempo y la igualdad.

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