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«Leer sin meditar es una ocupación inútil». Confucio

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lunes, 3 de noviembre de 2008

Conversacion en la Catedral - Mario Vargas Llosa






Santiago Zavala (Zavalita) y sus pasos por las calles de Lima, dan inicio a esta voluminosa obra de Vargas Llosa. El extravío del perro de Ana, su mujer, lo conduce a una perrera donde encuentra al negro Ambrosio, ex chofer de su padre don Fermín. El encuentro los lleva a la catedral, que contrario a lo que se imagina el lector, (lo primero que piensa al ver la portada que hacen dos vasos de cerveza rodeados de colillas), no es la imponente edificación refugio de fieles católicos sino un boliche de mala muerte donde la pobreza y la obscenidad refugia sus mejores exponentes, lo peor de la clase baja y alta. De la miserable Lima.

La mirada del autor hacia su país conserva el tiente mísero, carente, retorcido del Perú, las agudas diferencias de clases sociales, los blancos, los cholos, la existencia o sobrevivencia de los peruanos entre los intereses de la clase política, los granujas, la coima, la precariedad y la traición. Una mirada terriblemente desesperanzadora. Realidad marcada por los hechos históricos, deleznables que mantienen a un país en callejones de imposibles salidas. Las únicas son : el vicio, la corrupción, el sexo. En fin, el letargo total.

La atmósfera es decadente, pesada, agria e inunda la mayor parte de la novela.

Conocemos los anhelos juveniles de Santiago, sus correrías como pro-comunista. La detención y su cambio de estudios universitarios por el trabajo de periodista. La historia de su padre, los polítícos que lo rodean, sus planes y ansias de poder, estrategias de los odristas y los apristas, la rebelión, los hechos del alto mando, sus orgías, debilidades, el sexo, la droga, las mujeres. Amalia, pareja de Ambrosio, La musa, mujer de Cayo Bermúdez primero y luego que éste la abandona de cientos más, amiga de Queta, prostituta que se vende a ricos, altos coroneles y funcionarios del gobierno. La decadencia es total, pero no es ésta la historia central. La historia central es Santiago, su padre y Ambrosio. El amor o respeto o admiración de Ambrosio, el negro chofer por Fermín Zavala, alias el Bolas de Oro, el apuesto hombre de negocios que participa activamente en política. La adicción de Fermín por Ambrosio, lo oscuro, lo triste, la tragedia. He aquí la sorpresa que brinda el narrador. He aquí el gran golpe que da, quizás mayor que el golpe militar y las insurrecciones que relata con excesivo detalle: la doble vida del padre de Santiago, su intenso sufrimiento y cómo éste afecta la vida del bohemio, flaco, Santiago Zavala. Nada quiere de su padre, porque incomprensiblemente para el ser común, prefiere la vida mediocre de periodista a herencia, sea bienes o dinero, a moverse en la sociedad que lo vio nacer encadenado a las normas e hipocresías de una clase a la que se resiste firmemente, sin ningún arrepentimiento o dolor.

Conversación en la catedral, cuatrocientos veintinueve páginas que en intervalos se hacen largas, densas, lateras. A pesar de ello, nos sorprende Vargas Llosa con la forma narrativa: diálogos de diferentes personajes intercalados en dos, y/o tres historias cuya secuencia en fragmentos se hace difícil seguir. El uso de la primera y tercera persona, infinidad de personajes secundarios y el relato del pasado y el presente que se entrecruzan constantemente, de no estar atentos(as) , fácilmente puede desembocar en una lectura confusa, ininteligible, equívoca. La forma, es lo destacable, lo brillante de este autor peruano, su admirable pluma. Sin lugar a dudas despliega una forma literaria difícil de aplicar, extraordinaria.

Un novela para leer con tranquilidad. Y con paciencia.

1 comentario:

Ricardo Alejandro Hidalgo Campos dijo...

Muy acertada sinopsis de una de las novelas cumbre de mi admirado compatriota Vargas Llosa. En efecto, la obra es la imagen de una sociedad en grave estado de descomposición a causa de la inmoralidad política, la desidia, el conformismo (de acuerdo, es el retrato de Lima y el Perú, pero también el de Hispanoamérica). Recuerdo que mis amigos y yo discutíamos sobre lo fundamental de «Conversación en la Catedral», y les decía que ella era una conmovedora historia del fracaso: Santiago Zavala es un hombre fracasado que se desarrolla en la sociedad fracasada de un país fracasado. Únicamente me queda recomendar a todos quienes aman la gran literatura que se adentren incondicionalmente en este edificio de más de seiscientas páginas (bueno, es la versión que tengo en casa) y que, aparte de la muy necesaria atención que hay que poner, se dejen arrastrar por la triste magia, por la oscuridad maravillosa de esta obra maestra.

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