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«Leer sin meditar es una ocupación inútil». Confucio

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sábado, 25 de marzo de 2017

NOVELA HISTÓRICA - BUTAN MAPU DE ANDRÉS CASTILLO

COMENTARIO

BUTAN MAPU
DE ANDRÉS CASTILLO
MAULE-CORONEL DE CHILE
Por Ingrid Odgers Toloza

La obra narrativa Butan Mapu (Tierra de conflicto), del  escritor maulino Andrés Castillo, es un viaje por parte de la historia de Chile, se inicia relatándonos como en junio del año 1552, Pedro de Valdivia, instaló una guarnición en las alturas de la actual Lota, querida y admirada ciudad por el trabajo, esfuerzo, de sus hombres en las reputadas minas de Lota, grandes empresas de hombres aventureros y visionarios que condujo a la zona a la prosperidad y a ellos, mineros y familia por una senda ruda y árida.

En la cumbre de una de las colinas que se elevan en las costas de Lota, se divisa la figura de Francisco del Campo, del Campo, al iniciarse la conquista de Chile, dejó en el viejo mundo, su hogar, todo lo dejó para llegar a Chile, a estas tierras vírgenes junto a Pedro de Valdivia, Luis de Toledo y Francisco de Villagra.   
La novela de Castillo, refleja el amor entre la princesa araucana Millaray y el apuesto Felipe, hermano de don Francisco del Campo, entre varias luchas, en medio de varios conflictos, en especial la de los araucanos contra el fuerte de Lota, la voz y la escritura de Andrés llegará, precisa y clara a alborozar el corazón lector.

Con los ojos puestos en esta obra observamos como el autor indica, el espíritu aventurero de aquellos hombres - amigos de Pedro de Valdivia – espíritu que los llevaba hacia el Sur, al Sur del misterio, al Sur inadvertido, situado más allá de los senos del Biobío, el relato lo efectúa con lenguaje  atractivo, cercano, con un especial encanto difícil de encontrar en conocedores profundos de nuestra noble y aguerrida historia.

No es permitido aquí mencionar cada una de las aventuras que narra Andrés Castillo, pero sí factible mencionar que este libro es de una riqueza invaluable, que no solo fomenta el patrimonio inmaterial de la zona del carbón sino que la enriquece en gran manera, a darle a hechos reales el carácter de novela donde se palpa el amor del autor por nuestras raíces, nuestros temerarios antecesores, tan valientes y tan fieros y cuyo punto de unión es  el lazo que se crea entre un español y una princesa araucana: Millaray.
Muy interesante. Altamente recomendada.
                   

viernes, 13 de enero de 2017

CURSO DE ANATOMÍA de Consuelo Martínez Astorga, poeta de Temuco, Chile

CURSO DE ANATOMÍA
de Consuelo Martínez Astorga
KALLFU EDICIONES

 Comenta: Ingrid Odgers, escritora, poeta, novelista y crítica chilena.

(El libro viene con ilustraciones y traducciones al inglés y al mapudungun)

Y Dios procedió a construir de la costilla que había tomado del hombre una mujer, y a traerla al hombre.
Entonces dijo el hombre:
“Esto por fin es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Esta será llamada Mujer,*
porque del hombre*fue tomada esta”.

Adán
Desesperado, busca entre los restos de sangre la costilla que ha perdido. Consuelo Martínez Astorga.


 Y es así como desde el Génesis, nace el libro Curso de Anatomía, de la poeta Consuelo Martínez Astorga. Nos  llega desde Temuco, región de la Araucanía, este poemario de reflexión profunda  sobre el nacimiento y el despertar del cuerpo, cuerpo de mujer que de acuerdo a cánones establecidos  se cree que viene de la costilla de Adán, el primer hombre creado por Dios.(Génesis 2)

La autora escribe sobre el cuerpo y  genera una relación escritural viva e intensa entre CUERPO VERSUS  TEXTO, como  una poética que transforma, vulnera y cavila  con agudo ojo esta cápsula que nos envuelve o aprisiona. Es esta una creación poética  sistematizada pulcramente por Martínez  Astorga. Latido, sangre, agua, cabeza, son la puerta de entrada a una obra que se debate entre lo invisible (espiritual)  al ser humano y la cruenta materialidad.

Es el encuentro, la cita a ciegas con la envoltura o caparazón de nuestro invisible espíritu que nos mueve y anima (conforme a la creencia cristiana).

En esta confrontación imprescindible queda un solitario desconocimiento del ser interior. Se manifiesta  muy claramente en el poema titulado Tras un espejo, donde nuestra poeta nos dice: tengo un cuerpo. / me miro al espejo / y se supone que soy yo, me dicen / que soy así / que así es la carne terrenal./el reflejo repite mi nombre / pero me miro /y soy tan distinta /no tengo nada de lo que el espejo escribe.

Del polvo, de la ceniza o del agua emerge la Mano, ante ella,  la poeta despliega su decepción:
Nada puede / contra lo que la mente quiere / y la mano no puede completar. / Así dolorosa llora/n lánguida /  tendida en una inexplicable apariencia de dolor.
Luego  viene la marea de la mente, el miedo a sí misma, el tedio, las mismas palabras, las mismas páginas, esa rutina insoportable que Consuelo expresa con sencillez y claridad absoluta:

ASÍ EN UNA EXTRAÑA forma de existir, me fui a vivir entre la sangre y el hueso, deformando a cada paso los restos de una causa distanciada. habito desde los orígenes en lo desnudo de la defensa y duelo, me duelo, en una causa justa.

La angustia se refleja en sus versos de Crónico: el hueso engendra / un dolor de mares, una sentencia / a sufrir/ de crónica angustia.

Consuelo nos trae un verso fuerte, de mucho brío interior, pero también un verso mesurado y una prosa con tintes de Bombal. (Recomiendo leer el texto Olvidar, página 54 del texto impreso).

Un excelente libro que vale la pena leer.

Regreso

Lo hice: he muerto. Mis labios yacen todavía ardientes y una levedad profunda me dice que el sueño se terminó y que mi cuerpo ha regresado al infinito.


Anónimo


no tengo nombre. lo olvidé, o lo olvidaron. me guardaron y me entregaron. he sido libre o libre hasta la consecuencia de la que ha sido mi vida. no tengo nombre, no me lo dieron, no me dieron sangre y vivo de una sangre prestada, o de un nombre prestado. me desconocen, o no me conocen por mi nombre, ni por mi herencia, vagando entre las hojas allí encuentro cada día un nuevo nombre, y me desprecian otra vez. no tengo nombre, soy muchos de ellos.


Bien lo dijo Lacan: "...estamos angustiados porque estamos vivos, porque tenemos un cuerpo, al que las palabras afectan, y sobre el que no tenemos dominio."


Breve reseña.

Consuelo Martínez Astorga. Temuco, 1989. Escritora. Profesora de Lengua Castellana y Comunicación. Miembro Gestor de Proyecto Kallfü – Literatura y Humanidades (www.kallfü.cl). Publica en 2012 por auto-gestión su primer libro titulado La Sombra del Pájaro, para luego en 2015 publicar su segundo poemario titulado Curso de Anatomía bajo Kallfü Ediciones. Actualmente ejerce como docente en la Universidad Católica de Temuco. Integra la Antología Chilena-Rumana, editada por  Orizont literar Contemporan 2016.

martes, 13 de septiembre de 2016

Libro de Poemas "Lluvia en el jardín" - Rony Rodríguez

A modo de prólogo
Poesía de los elementos
“…Mi infancia descubrió/ las semillas prodigiosas/  como un vuelo en los ojos de los muertos.”
Ideas. Rony Rodríguez



El autor hace gala de gran riqueza  metafórica, imágenes envolventes y recurrentes en todo el poemario. Tal como observamos en el poema Ideas o en el poema Mujer:

 “¡Oh ¡ Pequeña colmena/ Difundes un manantial/ De lágrimas y la tierra renace como un pan/      Sobre las flores derramadas…” o bien en el poema Desgarro: 

“Mi guitarra se estrecha cada vez más/ En el laberinto perdido de la muerte/ Y en mi memoria el planeta/ Surge como un globo rojo desintegrado…”

Así como la glándula lacrimal segrega lágrimas, la sudoríparas el sudor; la imaginación segrega imágenes, en sentido general, se entiende por imágenes los productos” que la imaginación humana segrega. ¿Cómo caracterizar esos productos llamados imágenes?

Las imágenes siempre expresan valores. “Las más simples imágenes de la materia, las calificaciones más comunes, se establecen en un reino de valores. Acá, refleja la  intensidad de valores de intimidad. Entonces el poeta encuentra así una vía para invitarnos  a su  sutil, delicado  universo interior.

No deja de llamar la atención que en el texto están presente los elementos de la naturaleza.

Estos elementos son, como dice Gastón Bachelard (1), verdaderas “hormonas” de la imaginación. Ellos despiertan las acciones originarias de imaginar, de soñar lo circundante. Este mundo que impacta y sorprende por su fuerza, su regularidad, su esplendor.

Los cuatro elementos constituyen un tejido de imágenes fundamental en las construcciones socioculturales y en los imaginarios simbólicos de las civilizaciones antiguas. Dadas las propiedades del agua, en gran parte de las mitologías, se le considera como el mantenedor de la vida que circula a través de toda la naturaleza en forma de lluvia, savia, leche o sangre.
Ernst Cassirer (1984) en su antropología filosófica, plantea que:

“El hombre no puede escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de la propia vida; ya no vive solamente en un puro universo físico, sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión, constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana”.

Es por ello que la capacidad simbólica del ser humano define su esencia y su forma de relacionarse con el mundo.  En esta medida, la literatura como construcción humana es también una creación simbólica que no se agota en un sentido específico, sino que es portadora de multiplicidad de acepciones y simbologías; teniendo en cuenta lo anterior, el símbolo se define como una imagen no racional que escapa del dogmatismo lógico propio del signo y encuentra desde la imaginación el fundamento del mundo y la creación de otras realidades como la onírica o surrealista. Por ende, el símbolo es una imagen que corresponde a otras efusiones del ser humano.

Agua: Este elemento natural, al decir de Gastón Bachelard (1993), posee una potencia maternal debido a su simbología femenina, el deseo del hombre según Jung “es que las sombrías aguas de la muerte se conviertan en las aguas de la vida, que la muerte y su frío abrazo sean el regazo materno”.

Esta concepción filial del elemento natural se identifica con la creencia mítica de las culturas antiguas en la que se plantea la creación del ser humano por parte de los dioses, de ahí que se requiera volver al progenitor (agua) para obtener nueva vida.

Es pertinente precisar que en “El aire y los sueños”, texto de Bachelard, vemos cómo la imaginación crea las imágenes y los pensamientos, y éstas se imaginan en nosotros en lugar de nosotros imaginarías, de una manera pura, abierta y libre; donde el elemento primario es el aire.
El aire es un elemento fundamental porque "Por el aire toda la vida y todos los movimientos son posibles." (Bachelard, 1993:6-+)

El aire se relaciona esencialmente con tres factores: el hálito vital creador (simbolizado en la palabra), el viento de la tempestad, que muchas mitologías vinculan a la idea de creación; y, tercero, el espacio, como ámbito de movimiento y de producción de procesos vitales.

En el simbolismo elemental se asocian al aire: la luz, el vuelo, la ligereza, el perfume, el olor... El francés Gastón Bachelard, citando a Nietzsche reescribía que "el aire es una especie de materia superada, adelgazada, como la materia misma de nuestra libertad".

El fuego se representa en los jeroglíficos egipcios con el sentido solar de la llama, asociado a la idea de calor corporal como signo de salud y vida. En la mayoría de los pueblos primitivos, el fuego es un demiurgo, hijo del sol y su representante en la Tierra (de ahí que se asocie con rayos y relámpagos por una parte y por otra con el oro).

El elemento tierra, junto con el fuego, el agua y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales, en la filosofía esotérica, en la alquimia y en la astrología. Se considera pasivo y femenino, al igual que el elemento agua, frente al aire y el fuego, activos y masculinos.

Que el lector pueda encontrar alguna otra piedra preciosa en las páginas de este libro que muestra una escritura contemplativa donde la soledad, el dolor y las interrogantes se visten de múltiples imágenes, una poesía pura, diáfana, que sin duda irá evolucionando y madurando en el tiempo.


Ingrid Odgers Toloza


¿Por qué utiliza Bachelard la imagen del vuelo?
Porque "el pájaro es el aire libre personificado." (Bachelard, 1993:101)







(1)Nota: Gastón Bachelard, poeta, físico, profesor y crítico literario francés.
(2). El agua y los sueños: ensayo sobre la imaginación de la materia, México, FCE, 1994.
(3) El aire y los sueños: ensayo sobre la imaginación del movimiento, FCE, 2003.



Concepción, 13 de septiembre de 2016.



jueves, 17 de marzo de 2016

POEMAS SELECTOS de JUAN CARLOS SANCHEZ PALMA



LA PALABRA AMOR.

Por
Ingrid Odgers Toloza


Es esta una poesía subjetiva e individualista frente a la rigidez de las reglas académicas. El hablante lírico otorga importancia a los sentimientos, las emociones, el amor, sufrimiento, decepción, abandono. Relucen los sentidos y melodías que yacen presagiando incertidumbre.

Prevalece el vacío interior, el desconcierto al pensar en la amada. El llanto se ahoga aferrado al instinto. Lo encontramos  en  versos del poema denominado “Lo que soy":

Siento un calor que recorre mi cuerpo
oprimido por tanto sentimiento.
Quiero llorar y no puedo
sigo aferrándome a mi instinto.

Los matices me embrujan
y al oír de nuevo el llanto de mi guitarra,
compañera fiel
que destierra día a día mi canto
más profundo, sigo en desvelo.

El alma del hablante se presenta moribunda. Características todas de la poesía romántica.
Juan Carlos nos indica la importancia de la palabra, la música y el canto en el mundo del amor.  Y no es de extrañar, ya desde los tiempos de Hesíodo, por la palabra se transmite la confidencia amorosa y los sentimientos, se consigue la persuasión, la seducción y la rememoración de lo que fue grato; por tanto, canto y música completan las descripciones de los momentos placenteros. 

Sánchez Palma, con su extensa trayectoria como músico, conoce bien esta unión y la plasma en poesía y sin duda en su vida de músico.

En el poema “El día después”, encontramos la herida de nuestro hablante que se desplaza entre la temible noche, los temores crudos y la soberbia que intenta disminuir, aplacar.


Heriste mi alma con su cuello roto,
quedó tendida en un piso oscuro
y en la temible noche venidera
me tiritan las manos y me sangra la piel.

Cubro de llanto el hielo de mi cama,
nublo mis ojos con temores crudos
y  en la penumbra encojo mi soberbia,
exhalo mi impaciencia, estalla mi dolor.

  
Toda expresión de sentimientos: Decepción, temores, soberbia, clásicos exponentes  de la compleja y a veces incomprensible alma humana.

A quién no le ha tocado llorar porque “mataron el suero de su vida” o “envenenaron el día con las sombras”.

¿Quién ha estado libre de ser abandonado por el amor?
¿Quién libre de la traición?

Si hay alguno que “lance la primera piedra”.

Observamos a su vez el amor y la piedad por los animales. El poeta es la voz del amor, va más allá del amor humano, plagado de sentires, extiende su mirada compasiva a todo lo viviente. Lo expresa en su texto “Vagabundo”:

Humilde cabizbajo
desconfía de las migajas
repartidas en el piso
las mastica
las traga apresuradamente.
Siente una mano suave en su cabeza
y un cosquilleo que lo recorre
de punta a rabo
          Responde
         Total, no es de nadie y de todos
como sabe que es cariño
de un momento
le saca provecho
lo disfruta,
pues no por nada
se ha ganado el título
de mejor amigo del hombre.

Juan Carlos, músico, poeta, alma noble y sensitiva, presenta una obra con gran manejo de metáforas, imágenes, comparaciones e hipérboles y un hablante que impone la imaginación y el sentimiento ante la lógica y la norma. 

El consuelo, el descanso, el renuevo, viene siempre de la mano de la amada.

martes, 15 de marzo de 2016

DESIERTO FLORIDO - De MÍO ARAUJO



            DESIERTO FLORIDO

            La palabra que sustenta


Por Ingrid Odgers Toloza

En Desierto florido de Mío Araujo, encontramos la delicadeza de la palabra, pero a su vez, una palabra cargada de significado, en una actitud lírica enunciativa, donde  el hablante toma la posición del observador y su discurso es fundamentalmente la descripción, pero no una cualquiera, sino que utilizando una expresión poética con densidad, es decir, una palabra que posee a la conciencia más intensa que tiene de sí el instante, la voz poética disfruta plácidamente en dicho intervalo.

Es esta una voz serena, donde se han aplacado las tormentas del alma, como nos dice el gran Octavio Paz:

La poesía se emplea para aplacar las tormentas del alma, redimir a una mujer o un hombre o llenar el corazón de ese sentimiento llamado amor. Puede, en dosis bien servidas, alimentar el espíritu, asustar una soledad y alejar una tristeza.

Araujo, se desplaza con gracia, como profesora de Literatura que es,  con atención al lenguaje mismo, en poemas breves, concisos, a veces crípticos, siguiendo la voluntad del hablante.

El poemario se sustenta en un reproche pacífico, quieto, presente principalmente en el poema Moneda:
allá
a los pies del planeta
donde sé que existes
el cielo tiene
una cruz de estrellas en el pecho y
la ciudad principal muestra
amputaciones de vocales
mucha k                 muchos puntitos sobre úes
Poco ehue     poco rayén y
Un haz de unicelulares
impone su lengua y su ley
desde
una moneda


La autora presenta una escritura templada, quieta, carente de violencia, ira o disgusto, de hondo significado y  a veces, críptica.

¡Con  qué delicadeza nos habla de  la injusticia!
¡Con qué delicadeza nos habla de la esclavitud actual!

¿Quién no es esclavo y quién no es manejado por un pequeño grupo de poder?

Representa por cierto a una multitud de cautivos que quieren surgir, ver nuevos caminos, nuevas rutas, pero quedan estancados en la forma, principalmente en la falta de unidad. No es el caso de este poemario donde existe equilibrio entre la forma y el contenido, hay una perfecta comunión.

Mío Araujo logra en “Desierto florido”,  someter  la palabra, encumbrarla y escribirla con inusual sencillez y claridad. Con una cosmovisión reflexiva, serena  y  con una inteligente protesta ante los hechos de iniquidad, despedida o abandono, se goza en los colores infinitos del desierto. Hay un  abanico multicolor en la vasta soledad del desierto y eso al fin y al cabo, es lo que cuenta. Podemos, entonces seguir soñando con mejores días. La palabra nos sustenta.

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