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«Leer sin meditar es una ocupación inútil». Confucio

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viernes, 9 de julio de 2010

Rojo y Negro - Stendhal

La historia transcurre en la pequeña ciudad de Verrières, Francia.
Tiene como protagonistas principales a Julián, la señora Rênal y la señorita La Mole y se inicia con la decisión del esposo de la señora Renal de contratar a un joven latinista, hijo del aserrador del pueblo, como preceptor de sus tres hijos. Esto, dice “viste mucho, impone a las gentes” y agrega: ”… merece figurar entre los gastos de primera necesidad para el sostenimiento de nuestro rango”.

Es esta obra una novela de 751 páginas, perteneciente al realismo. Rojo y negro fue escrita en el siglo XIX, en la Francia postnapoleónica y prerrevolucionaria.

El autor hace una descripción detallada de la época, las costumbres, el relacionamiento entre las personas, los grandes salones, las cenas, tertulias, el vestuario y aborda la historia política y social que afecta sin duda el desenvolvimiento de los personajes, su pensamiento, y resalta las extremas diferencias sociales. La trama central es el amor imposible, amor que lleva a la cima del placer y la felicidad y a la sima de la miseria humana. Conmueve esta narración, emociona, estremece por la profundidad de los sentimientos, la pasión no solo carnal sino la pasión por las convicciones y la pasión por el “querer ser alguien en la vida”. Meta de Julian, Julian y su lucha entre los complejos de inferioridad (hijo de un aserrador enriquecido, un rústico), sus deseos, los grandes impedimentos para lograr la anhelada meta. El orgullo, la ambición exacerbada, el sufrimiento intenso no deja indiferente al lector. El protagonista se debate entre la timidez, el orgullo, la codicia, sin embargo se rinde a un amor que hace peligrar su ascenso en la sociedad. El ascenso de un “rústico” a los más altos niveles de la nobleza.

Es Sorel un aspirante a cura de memoria extraordinaria, preceptor primero y luego administrador de la fortuna del Marqués La Mole, padre de Matilde, la joven mujer que cayó en sus redes gracias a su cultura y su porte.

El “héroe", como llama Stendhal a Julian Sorel, tiene un asombroso talento para transformar su personalidad ante diversos acontecimientos que se le presentan, puede ser frío e indiferente, hipócrita o bondadoso en extremo, en cualquier caso, un personaje esencialmente humano que a pesar de ser presentado por el autor en forma negativa y a veces extremadamente calculador o codicioso, es uno de los pocos que reconoce su hipocresía.

Cala hondo la espantosa sinceridad y crueldad que develan sus pensamientos, el odio profundo por un padre maltratador, la nobleza y sus costumbres. El perfil sicológico que conmociona y atrae al lector, es constante durante todo el extenso relato.

Rojo y Negro, contrariamente a lo que se puede imaginar el lector antes de adentrarse en el laberinto de sus páginas, no habla de un joven plebeyo que desea ser militar sino de un joven inteligente y desdichado (no amado por padre ni hermanos), educado por un sacerdote y un anciano médico, que elige ser cura como forma de escapar al incierto futuro que se le presenta cerca de su familia agregado a la situación histórica y social que le corresponde vivir. No cabe ninguna duda que el objetivo del autor ha sido elaborar una crítica descarnada a la sociedad clasista, arribista e hipócrita a través de la vida de Julián Sorel y sus frustrados amores y/o pasiones.

Potente trabajo literario, magnífica narrativa, con justicia considerada como una de las obras más altas de la literatura del Siglo XIX.

Aconsejo su lectura, no se arrepentirán.

Ingrid Odgers
Escritora
Concepción, 9 de Julio 2010.-



FRAGMENTOS:
****
“…-Sólo los necios se encolerizan contra los demás- se dijo-. Cae una piedra porque es pesada... ¿Estoy condenado a ser niño hasta que me muera de viejo? Si quiero ser estimado por estas gentes, y por mí mismo, necesito demostrarles que mi pobreza podrá entrar en relaciones de negocios con su opulencia, pero que mi corazón está mil leguas por encima de su insolencia, en esfera demasiado elevada para que lleguen hasta él las muestras de sus desdenes ni de sus favores.
Mientras en el fondo del alma tenebrosa del joven preceptor se agitaban turbulentas estas ideas, su movible fisonomía adoptaba la expresión de orgullo lastimado y de ferocidad.
Bastó esto para que la señora de Rênal quedase profundamente conturbada. A la frialdad, hija de la virtud, que quiso dar a sus ademanes y palabras, sucedió un interés tanto más vivo cuanto mayor fue su sorpresa al advertir el cambio súbito operado en Julián. Cambiadas las frases obligadas sobre lo delicioso de la mañana y sobre lo caluroso que prometía ser el día, quedó agotado el repertorio de los dos personajes….”

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