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«Leer sin meditar es una ocupación inútil». Confucio

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martes, 26 de agosto de 2008

Los fantasmas de la Casa de Orates- Emma Sepúlveda



Comentario literario


La Palabra entre lo mecánico y lo artificial.


Nos encontramos con un libro de versos y prosa escrito con un lenguaje sencillo, que forja un tono monótono, versos exentos de pasión, espejos de fantasmas prisioneros en la Casa de Orates. Una procesión de espectros deambula en un manicomio y la autora despliega ante el(la) lect@r un desfile de signos cuidadosamente ordenados. Y es que estamos frente a una escritura nítida, precisa, como la ejecución de un diagrama de procedimientos rigurosos, exactos. Nada sobra, nada falta. Es el registro de un ojo vigilante, atento al uso de los signos y a los acontecimientos (o cotidianeidad) de “Los fantasmas de la Casa de Orates”. Una clase de literatura en instantes cargada de tensión como el poema “Cómo quiero que me quieras”. Y es que no sabemos a qué lugar nos conduce la autora hasta que descubrimos que la tensión de los versos se transforma en una extraña mezcla de sensualidad, absurdo y locura.


Emma escribe:



“Así.

Así.

Más rápido.

Más rápido.

Te imagino desnuda.

Te imagino gozando conmigo.

Te toco, pero no me tocas.

Estoy limpio y te veo desnuda.

Te toco a la distancia.

Más rápido.

Más rápido. “



En “Marcando ocupado”, explora lo artificial, relumbra el sentimiento de culpa ante la comida, el frenesí de las dietas, el absurdo deseo, enfermizo casi por mantener la figura perfecta y la incomprensión de su entorno(“No cacha/No me entiende/Ni siquiera me quiere escuchar/La cuestión es tan re-simple/La Jessica Parker/La Salma Hayek/…).


En “Amor por amor”, la necesidad de amar y ser amad@s. la esclavitud y la soledad están presentes con la misma fuerza que la pérdida del asombro, que describe tan acabadamente a nuestra sociedad.


Al releer este trabajo, unas cuantas palabras se suceden, luego de la palabra locura punteada ya en el título (“….la Casa de Orates), y que se reitera a través de todo el libro, junto a las palabras: absurdo, ironía, incomunicación, crudeza (que se revela brutal en furibundo clímax en el texto “Cuando no te dejaban dormir la siesta”), pareciera justo interrogar ¿realidad?, ¿ficción?, o ¿locura?.

Nos confesamos confundid@s o perplejos. Y es que Emma nos transporta a un manicomio pero a su vez nos muestra la visión de la sociedad, de la paradójica realidad, de hechos y actitudes de seres humanos, hombre y mujeres automatizados hasta “la locura”, hasta la enajenación, y nos habla:


“Yo soy para ti lo que fui después de que se

desocuparon los espacios circulares de tu locura.

Pero tú lo sabes muy bien ahora, yo soy mi

propio espacio circular que es tu locura.”


Pero ¿qué es la locura?


Conforme al pensamiento de Michel Foucault, los que tienen el poder son los que definen que es normal y que no lo es. Cualquier sociedad puede definir la locura de tal manera que ciertas personas caigan en esa categoría y sean aisladas. Pero el poder no sólo determina la normalidad y la locura, sino también el conocimiento.


Muchas veces se ha dicho que el conocimiento produce poder; pero Foucault afirma que de la misma manera el poder produce “conocimiento”. De modo que los que tienen el poder son los que determinan lo que es normal, lo que es justo y lo que es verdad.


Tenemos alternativas: yo digo las cosas como son, yo digo las cosas como las veo o yo digo las cosas que decido (como la historia de los tres umpieres). Como bien señala Guinnes: “El primer árbitro representa el punto de vista tradicional acerca de la verdad: algo objetivo, independiente de la mente del conocedor y que hay que descubrir.


El segundo árbitro representa el relativismo moderado: la verdad ‘tal como la ve cada uno’, según su opinión y forma de interpretarla.


Y el tercer árbitro representa claramente al relativista radical o la postura postmodernista: la ‘verdad’ no es algo que existe y que hay que descubrir; cada uno de nosotros debe crearla para sí mismo”.


En el mundo postmoderno solo se acepta como verdad el hecho de que no hay verdad. Sabemos que un objeto artístico es único e irrepetible y será decisión siempre del lector su consideración como tal dependiendo de su gusto, no obstante nadie podrá negar que al entregar este conjunto de textos, Emma Sepúlveda nos recuerda a dos grandes autores: Camus y Cioran.


El escritor de origen rumano ha dejado escritos que sacuden el espíritu no habituado a permanecer en los huesos de un orbe absurdo. Para Cioran el universo que le toca vivir no es sino el producto de un “aciago demiurgo”.


A lo largo de una bibliografía cargada de lucidez, Cioran hará uso de una inteligencia poco común para enfrentar aquel absurdo. Si Camus recurre a la rebelión del espíritu para “quitarse la muerte” ante la absurdidad de la vida, Cioran recurre a la ironía, al desparpajo ante la vida: “Hay noches en las que el porvenir queda abolido, en las que de todos sus instantes sólo subsiste aquel que elegiremos para dejar de ser”.


Él no deja reductos en sus escritos: obliga a su lector@s o a hermanarse con él y sus ideas, o al desprecio total de lo que escribe. En este acto dual, hace gala de una lucidez exacerbada: sabe que su mente prodigiosa le es necesaria para realizar esa “única función de la memoria” que es “ayudarnos a deplorar”.


Coinciden Camus y Cioran en la evidencia y definición de lo absurdo. También coinciden en el modo, no en el contenido, de la respuesta. En el Sísifo y en el Hombre Rebelde, Camus asume que lo absurdo no es el mundo, sea lo que sea éste, ni tampoco la conciencia y sentimientos humanos, (auto) entiéndanse del modo que sea, sino que el absurdo sin solución está en el inevitable maridaje de mundo y hombre, de mundo/mujer.


Podemos entonces decir que la escritora chilena Emma Sepúlveda en su trabajo literario se aproxima a ese antiguo intento de Cioran por conocer el corazón del absurdo lo crea, lo registra, lo palpa, lo abraza, todo de manera bilateral y literal en tanto retrata un mundo indiferente, y está como “El extranjero” de Camus registrando el espacio del no diálogo, la absurda, fría, cruda realidad que vive la sociedad actual.


Un libro para meditar. Un libro perfectamente escrito.



La pregunta

¿Comer o no comer? ¿Comer o no comer?

Al diablo con lo demás.

Para ti esa fue siempre la tragedia mucho antes

de leer a Shakespeare.

© Emma Sepúlveda P.

1 comentario:

José Luís Romero dijo...

...En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo...
...Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita; una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida...
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.

http://minovelanegra.blogspot.com/

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