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martes, 7 de agosto de 2007

El albergue de las mujeres tristes-Marcela Serrano



“Cualquier reparación posible pasa por dormir sola”. Interesante. Estar sola es una condición para reparar el alma, así se expresa Elena la dueña del albergue ubicado en Chiloé, ante la mirada interrogante de Floreana al ver el dormitorio con una sola cama. Recién ha llegado al territorio de sanación. Inicio de la novela.

Tres meses estará ella compartiendo, integrando un grupo de veinte mujeres bajo el alero de Elena, psiquiatra. Es que Floreana quiere reinventarse. Vive una soledad casi perfecta pero hay algo que le falta, pensamos como lectores que será algo más elevado, más espiritual, dada la condición de castidad con la que la presenta la autora, chilena, pero más cosmopolita que cualquiera de sus compatriotas. Nadie viaja por el orbe así como así. Dejemos eso de lado.

Es una novela narrada con un tono ligero, en la cual la autora maneja un tema que eleva alas demasiado light, quizás redundamos pero valga. En el sentido que las mujeres, todas destacadas en sus distintas profesiones, viven mundos tan alejados de la realidad de la mujer chilena de clase media, si es que existe en este país globalizado la clase media ¿o ésta ha desaparecido ante el frenético ritmo de las grandes tiendas, las grandes transacciones comerciales, la Internet, la inundación prodigiosa de celulares y ropa china?, prosigo, mujeres preocupadas de sí mismas, algo que no ocurre en Chile, donde la mayoría de las mujeres están preocupadas del sustento diario, de cómo traer alimentos a los hogares o de cómo proporcionar abrigo a sus hijos.

Vuelvo al relato, a esta novela “El albergue de las mujeres tristes”, encontramos mujeres que parecen tenerlo todo y carecen exactamente de todo: afecto, autoestima, sentido de la vida, es decir falta de amor, amor por ellas y por ende por el prójimo. Por fortuna pueden darse el lujo de una terapia de ese nivel, rodeadas de confort, con la posibilidad única de mirar su estructura singular, repasar o enmendar sus mínimas vidas, masajear sus egos, heridos, refinados y banales, como formar parte de una terapia colectiva para sanarse del desamor de los hombres, de la incapacidad afectiva masculina.

Crea expectativas esta novela de Serrano, está bien narrada, salvo que la historia de amor que cierra la novela pareciera estar demás, si la intención de la autora era mostrar las cuitas existenciales de mujeres de alta sociedad, mujeres al fin, no era imprescindible el broche del galán descreído, el médico del pueblo, que buscó el paraje agreste del Sur de Chile, para olvidar sus desengaños amorosos. Paradójicamente es el varón deseado por todas las mujeres. ¿Mucho Corín Tellado?

Un albergue para que las mujeres puedan tomar las riendas de sus vidas, no requiere de una historia de amor sino algo más profundo, pues un varón jamás será la solución a nuestras decepciones o embates o conflictos interiores sino descubrir nuestra propia capacidad de salir adelante y luchar contra los infaltables golpes del destino que al decir de Vallejo parecen a veces como provenientes del “odio de Dios”. Este descubrimiento que como lectores esperamos desde los inicios, alza su ausencia, ésta emerge imponente, crea interrogantes. Pero sí existe un final feliz. Mal podríamos definirlo o tipificarlo cómo parte integrante de un desenlace relacionado con el crecimiento interior. A mi parecer la historia se diluye con la incorporación de Flavián.

Personajes muy bien descritos, la autora logra crear grandes expectativas, una idea buena, muy bien integrado el sobrino gay de Flavián, refresca el ambiente plano que provoca algo de irritación al lector poco acostumbrado a esta liviandad, buena y destacable la descripción de paisajes. Casi tan buena como el marketing que tienen las novelas de Marcela Serrano. Está claro, que si analizamos el contenido no nos deja mucho. Y en la forma no existe innovación, es una narración tradicional, convencional donde abundan los recuerdos. Tal vez demasiados para la historia.

Al menos la protagonista descubre que las mujeres no sólo estamos llamadas a ser madres. No deja de tener relevancia, pero el lector espera más.

Es de esta forma como se recepciona la novela de Serrano y puede que su narrativa sea un aporte a nuestra identidad, realiza una radiografía a los problemas de las mujeres de un nivel socio económico elevado, permite o hace asequible conocer el imaginario de la clase alta chilena. Observar que nada es perfecto pese al dinero, los viajes y las amplias posibilidades de estudio que una élite posee y que los hombres que transitan en ella, son ambivalentes, reprimidos, vacilantes ante el compromiso y temerosos de la autonomía que las mujeres han logrado en el siglo XX, algo que podemos agregar, ha ido incrementándose en el tiempo actual en todos o los dos estratos sociales chilenos.

Motivo por el cual, las mujeres están tristes.

Ingrid Odgers Toloza

NOTA BIOGRAFICA

Marcela Serrano, escritora chilena, nacida en Santiago de Chile en 1951. Licenciada en grabado en la Universidad Católica, entre 1976 y 1983 trabajó en diversos ámbitos de las artes visuales, especialmente en instalaciones y acciones de arte (entre ellas el body art).
Rodeada de presencias femeninas en todas las etapas de su vida (madre, hermanas, amigas, hijas, compañeras de trabajo...), es autora de cuatro novelas en las que indaga en los problemas, inquietudes y anhelos de las mujeres hispanoamericanas del último cuarto del siglo XX.
Sin embargo, y a pesar de que reconoce su condición de feminista, no se considera autora de una "narrativa femenina", ya que en sus obras no presenta tesis ideológicas, sino la narración de unas historias ficticias ancladas en los sentimientos de seres humanos. Su novela "El albergue de las mujeres tristes" ha visto la luz en 1997. Tras abordar en ella la soledad y la tristeza que afecta a un grupo de mujeres que han conseguido la independencia, pretende dar por cerrado su ciclo narrativo dedicado a la mujer, para dedicarse próximamente a otros géneros como la novela negra o la de aventuras.
El éxito de sus narraciones anteriores se ha visto reflejado en traducciones al francés, al alemán, al italiano, al portugués y al griego. En 1999 publicó "Nuestra Señora de la Soledad", lindante con la novela de género policíaco, en la que las mujeres vuelven a ser las protagonistas. En este caso se cuenta la historia de dos mujeres muy distintas, una de ellas es la que actúa como detective de una agencia, y la otra es una escritora de éxito, casada con el Rector de una universidad que, tras un viaje a Florida, ha desaparecido y de la que nada se sabe.



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