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jueves, 14 de septiembre de 2017

Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez

Memoria de mis putas tristes

Gabriel García Márquez

Editorial: Mondadori - Barcelona, España, 2004

por Ingrid Odgers

Escritora y editora chilena


El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos:

—Hoy sí.


Ella suspiró: Ay, mi sabio triste, te desapareces veinte años y sólo vuelves para pedir imposibles.


Es así como García Márquez inicia su novela Memoria de mis putas tristes.

Durante largo tiempo fui reacia a leer esta novela de García Márquez, el título ya me parecía abominable, muy, demasiado cercano al machismo, característica instalada, no solo en la sociedad sino en la literatura en general, por las reglas más añejas del sistema patriarcal latinoamericano.
Finalmente claudiqué al rechazo, dado mi interés en profundizar más en la narrativa, siempre tan enaltecida, elogiada del premio Nobel que es García Márquez.

Corresponde aclarar que ésta, mal llamada novela, es un relato del autor. Relato donde los temas principales son, la vejez y el amor, sin duda desfilan otros que adornan la narrativa como son: La prostitución, la soledad, melancolía, nostalgia.etc.

Un anciano, periodista solterón, de muchas aventuras con prostitutas, recuerda:

Había sido un niño consentido con una mamá de dones múltiples, aniquilada por la tisis a los cincuenta años, y con un papá formalista al que nunca se le conoció un error, y amaneció muerto en su cama de viudo el día en que se firmó el tratado de Neerlandia, que puso término a la guerra de los Mil Días y a las tantas guerras civiles del siglo anterior. La paz cambió la ciudad en un sentido que no se previó ni se quería. Una muchedumbre de mujeres libres enriquecieron hasta el delirio las viejas cantinas de la calle Ancha, que fuera después el camellón Abello y ahora es el paseo Colón, en esta ciudad de mi alma tan apreciada de propios y ajenos por la buena índole de su gente y la pureza de su luz.

Un anciano, un hombre en su decadencia física, más no mental ni emocional, es más se retrata a sí mismo como un adolescente, enamorado hasta los celos y la furia de una joven virgen que vende su virginidad guiada por una cabrona en decadencia. Acá está la prostitución presentada como el arma indispensable de las jóvenes hijas de la clase obrera.

La joven a quien llamó Delgadina tenía tan solo catorce años cuando la conoció, acostumbraba a dormir al lado de la joven desnuda admirando su belleza, cuando Delgadina cumplió quince años él, le obsequió una bicicleta. Entre ambos, solo el silencio al principio, luego un sinnúmero de libros fueron leídos por el anciano a esta chica que lo escuchaba en mutismo sempiterno.
Diría que la relación era solo imaginada, acá el autor pretende mostrar el ser interior de un anciano, el cómo a pesar de la edad, sigue sintiéndose joven y con ansias de amar y ser amado. Obviamente esto es solo una ilusión de un viejo periodista más cercano a la muerte que al amor verdadero.

Al contrario de la opinión de muchos, no es una novela romántica, el romance se entiende entre dos personas, existe acá una idealización de la joven por parte del protagonista, una extrema imaginación consideraría este relato una novela de amor. No existe relación alguna. Y de existir sería absolutamente unilateral.

Recordemos que el romance, fue difundido primeramente en las novelas de caballería, y se caracterizaba por el idealismo de los enamorados, su entrega, exclusividad y renuncia en función del amor.

La niña es un objeto para el anciano, un objeto en el cual se solaza observando.

Tal como expresé anteriormente no alcanza para novela, para ello, tendría que existir mayor desarrollo de personajes, incluso de hechos y descripciones.


Una narración oscura, antivalórica, que pese a estar bien escrita (como RELATO), NO RECOMIENDO.


Fragmento 2:
Nunca me he acostado con ninguna mujer sin pagarle, y a las pocas que no eran del oficio las convencí por la razón o por la fuerza de que recibieran la plata aunque fuera para botarla en la basura. Por mis veinte años empecé a llevar un registro con el nombre, la edad, el lugar, y un breve recordatorio de las circunstancias y el estilo. Hasta los cincuenta años eran quinientas catorce mujeres con las cuales había estado por lo menos una vez.

Interrumpí la lista cuando ya el cuerpo no me dio para tanta...

Nota:
La acción de la historia se lleva a cabo a partir del 90 cumpleaños del narrador. El período de tiempo de la novela parece ser 1960, como lo demuestra esta cita de la revista The New Yorker por John Updike:
En cuanto a la hora de la acción, el narrador da a su edad de treinta y dos años cuando su padre muere, "el día que el Tratado de Neerlandia se firmó, poniendo fin a la Guerra de los Mil Días", que se firmó en 1902, por lo que nuestro héroe habría nacido en 1870 y cumplido noventa años, en 1960. "

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