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sábado, 10 de julio de 2010

Una Novelita Lumpen - Roberto Bolaño

Comentario literario



  Toda escritura es una marranada.

Las personas que salen de la nada intentando precisar cualquier cosa que pasa por su cabeza, son unos cerdos.

Todos los escritores son unos cerdos. Especialmente los de ahora.

ANTONIN ARTAUD

Esta obra de Bolaño, carece de los paisajes y las técnicas narrativas a las que nos tiene acostumbrados. Toda esta novela corta, es el monólogo de Bianca. Bianca y su hermano quedan huérfanos, luego del accidente automovilístico de sus padres. Herederos de una pensión paupérrima, no les queda otra que buscar trabajo. Transcurren sus vidas rutinarias, monótonas entre sueños y fantasías combinados con una creciente estrechez económica y una libertad que puede llevarlos al abismo.

¿Qué alternativas tienen dos jóvenes o una joven y un adolescente de salir adelante sin padres, sin familia?

Para Bianca no había futuro.

“…. Ladrona, asesina, vendedora de drogas al por menor, contrabandista, estafadora. No, estafadora probablemente no, porque los estafadores siempre tienen un maestro que les enseña, ¿y a mí quién me iba a enseñar nada? Tampoco me hubiera gustado ser vendedora de drogas. No me gustan los drogadictos. ….En momentos de gran exaltación me veía como ladrona o asesina. En el fondo sabía que lo más viable era ser puta.

Fuera como fuera, por aquellos días yo intuía que me estaba acercando de manera inexorable al territorio de la delincuencia …”

Los temores de Bianca se concretan al llegar un día su hermano con dos amigos, un libio y un boloñes, quienes se instalan en su casa, como animosos colaboradores del quehacer doméstico sin aportar ningún  dinero pero con grandes ideas. La brillante idea fue presentarla a Maciste, Giovanni Dellacroce, ex - campeón de culturismo y ex - actor de cine, con el cual se prostituye y de quien cree enamorarse en la solitaria incertidumbre.

Camina y hace el amor como una autómata con Maciste por dinero y con los dos amigos de su hermano por costumbre adquirida desde que uno fue a meterse a la cama sin aviso y ella acepta por inercia.

Maciste es la sombra de lo que fue y Bianca una sombra que desea ser y tener. Sueña y busca tesoros en la antigua casa del ex – campeón, hasta convencerse de que no existen tesoros y que no está enamorada del envejecido y ciego Maciste.

Bolaño con maestría se adentra en la personalidad de Bianca, joven huérfana confundida y nos sumerge en un océano de sinsentido y absurdo que inquieta .
¿Tendrá la joven Bianca la valentía de cortar los lazos que la degradan?.



Fragmento:

"...Soñé que Maciste era mi novio y que íbamos a pasear por el Campo dei Fiori. Yo al principio estaba locamente enamorada de él, pero conforme paseábamos Maciste dejaba de parecerme una persona interesante. Lo veía demasiado gordo, demasiado viejo, demasiado torpe, allí, tomados del brazo, mientras los jóvenes daban vueltas alrededor de la estatua de Giordano Bruno o fluían hacia la via dei Giubbonari o hacia piazza Farnese, sin que por ello decreciera en ningún momento, más bien al contrario, la multitud que se arracimaba en Campo dei Fiori. Y entonces yo le decía a Maciste que ya no podía ser su novia. Y él volteaba la cabeza hacia mí y decía: está bien, está bien, está bien que así sea, con un hilo de voz donde al principio creía notar cierta tristeza, un grado de desesperación mínima, pero desesperación al fin y al cabo, inusual en él, pero donde después percibía un acento como de orgullo, como si Maciste, en el fondo, estuviera orgulloso de mí.

Y  entonces él me decía adiós. Y yo, desconcertada, no sabía qué hacer, sobre todo me daba miedo dejarlo allí, en medio de la multitud de Campo dei Fiori, solo y ciego, pero después me alejaba, con remordimientos de conciencia, pero me alejaba, y cuando ya llevaba unos diez metros me detenía y lo observaba, y entonces Maciste echaba a andar, balanceándose (porque en realidad estaba muy gordo y era muy grande), y se perdía entre la gente, aunque esto, debido a su altura, tardaba en suceder y sólo hasta el final yo dejaba de ver su enorme cabeza redonda.

Y eso era todo. Maciste se iba y yo me quedaba sola y me veía a mí misma llorando mientras atravesaba el puente Garibaldi, de regreso a casa. Ya en la piazza Sonnino, pensaba que tenía que buscar un sitio adonde ir, tenía que procurarme un alojamiento, un nuevo trabajo, tenía que hacer cosas y no morirme...."






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Ingrid Odgers

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