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sábado, 11 de octubre de 2008

A PARTIR DE UN HAIKÚ


“Los cuerpos emiten voces subterráneas,

aéreas y sutiles antes de hablar”

E.M.

A PARTIR DE UN HAIKÚ


En la actualidad, el haiku antiguo y tradicional japonés, ha sufrido profundas transformaciones después de haber emigrado a Occidente y de que su práctica se ha generalizado. El poeta occidental contemporáneo, nace en culturas donde a partir del siglo XIX el verso libre, desprendido de las estrictas reglas métricas de la poesía de siglos anteriores, se enseñorea solitario. De allí que escribir haiku con el patrón silábico de diecisiete sílabas, supone no sólo una disciplina ardua sino también una regla restrictiva para la mentalidad actual, que limita la voz de la inspiración. Es por ello, que los haiku con el esquema silábico tradicional sean más la excepción que la regla. En el caso del castellano, no hay impedimentos estructurales. La única regla a tener en cuenta al escribir haikú libre es que guarde la excelencia de la técnica: la brevedad y la prosodia del idioma. La inspiración no es suficiente, pues como decía García Lorca:

"Si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios o del demonio, también es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo".

En “A partir de un haikú”, la poeta Esther Mora resplandece en el acto de la contemplación y la creación a través del uso de la palabra en el verso breve. Hay en este poemario, una concentración en lo que sucede en el momento y en el lugar, con la utilización de un lenguaje directo, carente de metáforas u otros artificios, privación de estos últimos, indispensable en la escritura de haikú. La sugerencia y la concisión son las adecuadas armas que utiliza la creadora para reflexionar sobre el dolor, la simpleza, fuerza y brevedad de la vida: La breve vida de las flores / nos hace recordar cuán breve/ puede ser la nuestra. Los niños no están ausentes, nos dice: Los niños son los verdaderos poetas /Examinan la creación y poseen/ la mirada del filósofo que en nosotros/quedó petrificado. La hondura de Esther se extiende y no evita los cuestionamientos del espíritu ante el rugir de la modernidad, la invasión del hombre y la destrucción del entorno:

“Quedan pocos caminos solitarios,

el pie del hombre ha robado pureza

y silencio al paisaje.”



EL VERANO SE ALEJA EN UN BARCO

“Un ebrio de noche y lujuria

camina arrastrando perturbadoras

calles de pesadilla

E.M.

La nostalgia invade la creación poética de Esther Mora en “El verano se aleja en un barco”. En este poemario encontramos versos que sintetizan la reflexión, el recogimiento ante la presencia de la luna, la noche, los peces. Y dice: “Más de alguna vez la luna/apacienta las olas/y los peces extraviados.”

La luna nos habla del infinito, donde la mirada de Esther se posa hasta llegar a la profundidad de los mares y la noche, ésta última siempre asociada a la oscuridad, lo incierto, la vaguedad del existir. Nos expresa la búsqueda constante de la interioridad, de la llamada “cuarta dimensión” y su intrínseca relación con el universo.

La mirada de Esther recorre el infinito. ¿A dónde nos lleva su recogimiento? Respondemos prestamente: la autora nos conduce a la exaltación de la conciencia y a la búsqueda de la gnosis. Y es que la contemplación y no la acción es la meta de los cultores de haikú. En el acto contemplativo surgen lecciones sin palabras, que en el conjunto de poemas “El verano se aleja en un barco”, la autora plasma serena y apacible mediante este lenguaje milenario.



Ingrid Odgers Toloza

Escritora-crítica literaria




NOTAS:

1. Octavio Paz y Eikichi Hayashiya: Matsuo Basho Sendas de Oku, Breve Biblioteca de Respuesta Barral Editores Barcelona 1970

2. Octavio Paz: Tres momentos de la literatura japonesa


Concepción, Octubre de 2008

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