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«Leer sin meditar es una ocupación inútil». Confucio

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martes, 16 de septiembre de 2008

Ensayo sobre la ceguera -José Saramago

Esta obra de Saramago, es un libro que provoca. Provoca emociones interés y rechazo. Desata cansancio y algo de espanto. No es una historia agradable para el lector, o para todos los lector@s. Me explico:


Primero- en relación a la escritura y la sintaxis. Es imposible no percibir en primer lugar la falta de puntos, el uso de comas o el uso de mayúsculas precedidos por comas. Obviamente algo que literariamente se tacharía de mala escritura por los infaltables académicos de la lengua que pecan de un conservadurismo exacerbado.


Segundo- el tema de ciencia ficción, no es para todos los gustos y en especial el tema de la ceguera, que se asocia de inmediato a oscuridad, noche, temor, zozobra.


Tercero- la historia narra la epidemia de una ceguera extraordinaria: quien queda súbitamente ciego o ciega ve todo de color blanco.

Y éste punto es el argumento de Saramago para transportarnos por las atroces vías de esta repentina ceguera que se transforma en epidemia y que cuenta en días centenares y contra la cual el gobierno no encuentra mejor solución que encerrar a los ciegos en un campo de concentración. Claro, que este hecho no detiene la extraña y sorpresiva plaga, pero sí gatillará las más deleznables situaciones en el país.

El libro causa extrañeza desde el inicio. Escritura peculiar, tema raro, chocante. Atmósfera espesa, incrementada por el temor de la gente al contagio, a dejar de ver y a las nulas aptitudes del estado para enfrentar este extraño mal. En resumen, un caos. Y el libro se hace reiterativo, cansador. Son los recursos que utiliza el autor para mostrar qué pasa con una humanidad carente de visión, de guía. ¿Qué acontece cuando se camina a ciegas, sin ver al otro o la otra?. ¿Cuán solidarios es posible ser?, ¿Cuán justos?, según Saramago, no mucho. Y es que su escritura es reflejo de desesperanza a lo largo de toda la narración. Sin visión, parte de los enfermos se vuelven salvajes, caníbales, cruentos, todos capaces de los actos más atroces. La más completa inhumanidad y como paradójico contrapunto la más completa humanidad, la cotidiana, aquella que tenemos la ocasión de palpar como la indiferencia, maldad, ambición, egoísmo, envidia y cobardía. Degradación. El creador Saramago nos narra situaciones en ambientes cerrados, tupidos como la organización de una mafia de ciegos dominantes que exigen un derecho de pernada a cambio de alimentos. Por nombrar alguno.


Sin duda, el autor no es apto para todos los paladares, recrea sucesivamente las bajezas en fragmentos demasiado compactos y densos. Un estilo original que satura pero a la vez nos muestra sin dificultad alguna la insignificancia del ser, la animalidad encubierta por la apariencia, la figura y vestimenta de hombres y mujeres. La realidad descarnada de la sociedad actual.


Habría sido una novela mucho más devastadora sino hubiera sucumbido en los brazos de la mercantilización, eso sí el realismo descriptivo, una trama aterradora y la crudeza de la condición humana en escenarios extremos no dejará indiferente al lect@r.



Ingrid Odgers



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