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viernes, 4 de julio de 2008

El perfume -Patrick Süskind



El perfume es una novela que se desarrolla en un ambiente lúgubre, fieramente pobre y donde la maldad de los personajes sobreabunda y estremece. La obra de Süskind, narra la historia de Jean-Baptista Genoville. Hijo de una vendedora de pescados en una feria putrefacta, tan mísera, paupérrima como sus habitantes, la madre del protagonista es decapitada por asesinar a sus cuatro hijos restantes, el último bebé, nuestro insensible e inconciente Jean-Baptista es salvado por milagro de una muerte segura. A medida que crece recorre numerosos asilos, pero siempre es rechazado, hasta que al final madame Guillard lo acepta a condición que alguien pague su hospedaje. El trato que recibe es inhumano, indigno de una bestia. Y Jean-Baptista se cría alimentando un odio constante y mortal, que se calma cuando aspira diversos perfumes. Capta el entorno por el olfato y clasifica a las personas o cosas por su aroma. Los otros niños le tienen tanto miedo que intentan matarlo, pero él es indestructible. Igual que una garrapata vive encerrado en si mismo como en una cápsula. El tiempo pasa y se convierte en un joven de físico insignificante. Una noche, como era su pasatiempo preferido, sigue la huella de un exquisito perfume. Camina hasta que por fin descubre que emana de una hermosa y joven doncella. En su delirio, ve que su vida no tendrá el menor sentido sin esa fragancia, así que con toda frialdad la asesina, le aspira el aroma hasta dejarla marchita y luego le arranca la ropa y la cabellera; de esta forma Greuouville, para poseer sólo el perfume de las doncellas, las mata. Al tiempo, logra plasmar uno de sus sueños: trabajar como aprendiz en la fábrica de perfumes de Giuseppe Baldini y obtener así un certificado que le asegurará el porvenir. Su ambición no era amasar dinero con su arte, ni siquiera pretendía vivir de él, quería exteriorizar lo que llevaba dentro, solo esto, expresar su interior, que consideraba más maravilloso que todo cuanto el mundo podía ofrecer; por eso una vez logrado el objetivo, se retira a vivir a una caverna durante siete años, llevándose con él innumerables cantidad de botellas que contienen distintos aromas. Grenouville se aísla del mundo para su propia satisfacción; solo para estar cerca de sí mismo. Por momentos se imagina que es Dios. Un día decide abandonar la cueva y subyugado por un nuevo aroma vuelve a matar a una doncella; pero esta vez lo atrapan y en el momento que lo van a ejecutar es la misma muchedumbre congregada para verlo morir quien lo impide. Al ver al asesino han caído todos atraídos por el exquisito perfume que emana de aquél insignificante hombrecillo. Lo liberan y él se siente poderoso y piensa que el mundo entero debería adorarlo. Siente que es como Dios en la tierra.

Comentario

La novela se centra casi en el personaje de Genouville, lo que confiere unidad a la composición. El personaje en sí está muy bien delineado y describe a un hombre por demás de frío y ajeno, encerrado en su propio mundo y que lo único que lo conmueve es de lo que él mismo carece: el perfume de los demás. Y aunque a medida que leemos no podemos dejar de sentir por él cierta simpatía, reconocemos en el personaje pintado magistralmente por su autor, al psicópata.

Los personajes secundarios están bien elaborados. Si bien es cierto que el lenguaje de la novela es sencillo, tiene la virtud de transmitir con transparencia y tensión lo que se está queriendo decir, algo bastante difícil de lograr en literatura cuando se mezcla por un lado la erudición de su autor acerca de todo el proceso para fabricar perfumes y por otro, el relato propiamente dicho y, que en este caso está muy bien construido. Las descripciones afines a la época que se desarrolla la novela (París siglo XVIII) son expresivas y ajustadas. Aunque es un policial negro por los crímenes que se cometen, la novela pertenece al género épico, ya que se acerca mas a lo legendario y es una constante en esta narración, la burla sutil, como por ejemplo: cuando describe a la madre del protagonista: « Aún era una mujer joven,-de unos veinticinco años- muy bonita, que todavía conservaba los dientes y algo de cabellera y aparte de la gota, la sífilis y una tisis incipiente, no padecía ninguna enfermedad grave» Es un narrador quien nos introduce en la trama. «Aquí relataremos la historia de Jean-Baptiste Grenouville» separando así el mundo real, del mundo creado por el autor, un mundo donde se incorporan lo fantástico y lo maravilloso. Y a medida que avanza el relato está salpicado de hechos extraños y extravagantes (La agudeza olfativa del protagonista a kilómetros de distancia) y luego de forma omnisciente se mete dentro de los personajes. Tiene un final sorprendente, místico por lo que añade una nueva dimensión sobre su personaje.

Cada elemento que incorpora la narración, se proyecta sobre el personaje y anticipa lo que contará luego, logrando que el protagonista se desenvuelva como un verdadero coleccionista. Las descripciones son acertadas y sugieren el olor característico que desprende la burguesía, el poder y también, la clara alusión que hace no sobre la muchedumbre sino sobre la masa.

"En el primer momento retrocedieron con profundo respeto y pura estupefacción, pero intuyendo al mismo tiempo que su retirada era más bien una postura para coger impulso, que su respeto se convertía en deseo y su asombro, en entusiasmo. Se sintieron atraídos hacia aquel ángel humano del cual brotaba un remolino furioso, un reflujo avasallador contra el que nadie podía resistirse, sobre todo porque no querían hacerlo, ya que el reflujo arrastraba a la voluntad misma, succionándola en su dirección: hacia él.

Habían formado un círculo a su alrededor, unas veinte o treinta personas, y ahora este círculo se fue cerrando. Pronto no cupieron todos en él y empezaron a apretar, a empujar, a apiñarse; todos querían estar cerca del centro.

Y de improviso desapareció en ellos la última inhibición y el círculo se deshizo. Se abalanzaron sobre el ángel, cayeron encima de él, lo derribaron. Todos querían tocarlo, todos querían tener algo de él, una plumita, un ala, una chispa de su fuego maravilloso. Le rasgaron las ropas, le arrancaron cabellos, la piel del cuerpo, lo desplumaron, clavaron sus garras y dientes en su carne, cayeron sobre él como hienas.

Pero el cuerpo de un hombre es resistente y no se deja despedazar con tanta facilidad; incluso los caballos necesitan hacer los mayores esfuerzos. Y por esto no tardaron en centellear los puñales, que se clavaron y rasgaron, mientras hachas y machetes caían con un silbido sobre las articulaciones, haciendo crujir los huesos. En un tiempo muy breve, el ángel quedó partido en treinta pedazos y cada miembro de la chusma se apoderó de un trozo, se apartó, e impulsado por una avidez voluptuosa, lo devoró. Media hora más tarde, hasta la última fibra de Jean–Baptiste Grenouille había desaparecido de la faz de la tierra.

Cuando los caníbales se encontraron de nuevo junto al fuego después de esta comida, ninguno pronunció una palabra. Varios de ellos eructaron, escupieron un huesecillo, chasquearon suavemente con la lengua, empujaron con el pie un último resto de levita azul hacia las llamas; estaban todos un poco turbados y no se atrevían a mirarse unos a otros. Todos, tanto hombres como mujeres, habían cometido ya en alguna ocasión un asesinato u otro crimen infame. Pero ¿devorar a un hombre? De una cosa tan horrible, pensaron, jamás habían sido capaces. Y se extrañaron de que les hubiera resultado tan fácil y de que, a pesar de su turbación, no sintieran la menor punzada de remordimiento. Al contrario. "

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Ingrid Odgers

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